sábado, 9 de octubre de 2010

Sale el sol en el barco de los sueños, sale el sol y evapora las últimas gotas de magia que quedaron de la noche. Abres los ojos y lo único que ves es agua, agua y luz...Hueles, el salitre empapa todos tus pulmones y llega muy adentro, tanto que parece que has recorrido dormida todos los mares del planeta... Abres la boca y saboreas los restos perdidos de la cena del día anterior... Pero entonces, algo reúne todos tus sentidos; un momento, ¿a caso estás sola tu y ese amanecer? Tantas mañanas levantándote sin compañía no te habían permitido darte cuenta de que más allá de todas aquellas maravillas que hoy te despertaban, había algo más, alguien que te acompañaba.
Entonces, cierras los ojos y coges aire profundamente esperando que no desaparezca y que no sea un sueño más. Ese aire que inspiras te da la fuerza suficiente para poder darte la vuelta y entonces... abres los ojos. No era un sueño, ahí está...¿Como puedes haberte olvidado por un segundo que le tenías a tu lado?
La luz que antes te cegaba ahora ilumina cada gesto de su cara, y ahí está, con los ojos cerrados y saboreando cada centímetro de aire que le rodea. El aire hace que sus mechones de pelo parezcan aves que quieren volar lejos...



El sol va tomando fuerza y convierte sus rayos en pequeñas manos que acarician sus ojos hasta despertar. Te mira y sonríe, es increíble que con una sola mirada pueda transformar el mundo... Se acerca, hueles su miedo y sus nervios, se acerca aún más... vuestros labios se rozan y poco a poco, vuestros despertares se convierten en uno... Pase lo que pase, jamás nadie podrá arrebatarte esta sensación.

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